El debate entre la instrucción directa y el aprendizaje cooperativo es tan viejo como la el propio proceso de enseñanza. Ambos modelos tienen su razón de ser y, por tanto, sus ventajas e inconvenientes. Ninguno es mejor ni peor que el otro, tan sólo son diferentes.
Como alumna y como docente he experimentado ambos sistemas, con desiguales resultados he de decir. A mis 41 tacos, hace ya mucho que dejé de acudir a la escuela en calidad de asistente. En aquella época, pocos eran los profesores que se salían del guión, llamado apuntes, libro de texto o fotocopias. Los alumnos nos dedicábamos a memorizar y reproducir en los exámenes y quien fuera capaz de hacerlo más fielmente era quien obtenía la mejor nota.
Hoy, por suerte, las cosas han cambiado y si bien la mayoría (o al menos yo) seguimos apoyando nuestras clases en la docencia tradicional, en ocasiones nos permitimos alguna licencia y damos el salto cualitativo hacia el aprendizaje basado en proyectos. No es una tarea fácil, pues supone un cambio de mentalidad para alumnos y profesores, es muy exigente en cuanto a los medios y la preparación y, sobre todo, necesita una continuidad que no siempre puede garantizarse.
Aún así, pienso que puede ser el revulsivo que nuestras aulas necesitan. No podemos olvidarnos que nuestros alumnos son, cuanto menos, niños 3.0, que han nacido con internet en una mano y la tableta en la otra, y que la escuela no puede ser ajena a ello. En la medida de mis posibilidades, intento incorporar a mis clases actividades alejadas del "lee, escribe, memoriza, reproduce", y así siempre que el tema me lo permite introduzco algún tipo de tarea cooperativa. Pero he de reconocer que no es sencillo. Los alumnos en su gran mayoría prefieren las tareas al estilo clásico, pues saben en todo momento qué se espera de ellos y no sienten el miedo de lo desconocido. Por otra parte, no siempre es posible encontrar los medios adecuados para llevar el proyecto adelante, pues los centros suelen tener dotaciones materiales un tanto escasas. Finalmente, en ocasiones has de enfrentarte al rechazo que este tipo de aprendizajes genera entre padres, alumnos y compañeros, lo que hace que muchas veces te plantees si tanto esfuerzo merece realmente la pena.
Y, para mí, la respuesta es un SÍ con mayúsculas. Es una apuesta por la innovación, la colaboración, el esfuerzo, la renovación pedagógica, en definitiva, por un nuevo concepto de escuela y aprendizaje, más acorde con los tiempos actuales, más dinámico, más enriquecedor.
Y, para mí, la respuesta es un SÍ con mayúsculas. Es una apuesta por la innovación, la colaboración, el esfuerzo, la renovación pedagógica, en definitiva, por un nuevo concepto de escuela y aprendizaje, más acorde con los tiempos actuales, más dinámico, más enriquecedor.
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